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2019/10/06

Coágulos en el río. Presas, historia y patrimonio

El valor histórico y patrimonial, material e inmaterial, se ha convertido en el último recurso dialéctico de las personas que, con toda su buena voluntad, defienden el mantenimiento de presas y azudes en el cauce de los ríos ante la evidencia científica sobre las afecciones que generan a la dinámica fluvial y al conjunto de especies animales y vegetales que forman parte de ese ecosistema.
No pretendemos aquí incidir en los aspectos científicos y técnicos que ya han sido expuestos en sucesivos artículos, cartas de opinión, informes y expedientes administrativos relacionados con diferentes casos, entre ellos el de Santa Engracia.
Difícilmente encontraremos hoy un solo texto científicodefendiendo la pervivencia de barreras artificiales en desuso al libre discurrir del agua y de los ríos. A eso debemos añadir que las técnicas y técnicos especialistas en la materia, también lasde nuestra propia administración foral, han sido taxativas cada vez que se les ha consultado. La última vez, precisamente, informando negativamente sobre la reconstrucción de la presa de Santa Engracia.



Presas, Historia y Patrimonio Material
Los argumentos históricos y patrimoniales en defensa del mantenimiento de las presas en desuso tienden a considerar como valores a preservar, por encima de cualquier otra consideración, la antigüedad de la construcción,el ingenio de nuestros antepasados e incluso la belleza de dichas obras.
No cabe duda de que el agua embalsada por las presas y en parte canalizada posibilitó desde muy antiguo la molienda de grano para la alimentación, el riego, la generación de energía eléctrica y otros usos industriales dependiendo de la época y el lugar. Así, hay quien considera que su conservacióníntegra es el mejorreconocimiento a su valor patrimonial.
Sin embargo, esa postura ignora, consciente o inconscientemente, no solo la afección que cada una de esas presas tiene para el río y sus habitantes, sino que, históricamente, las presas se han ido construyendo una detrás de otra sin que la falta de uso llevase a derruir ninguna de ellas, con lo que los obstáculos se han acumulado multiplicando la afección con el paso del tiempo.
El valor histórico y patrimonial de una obra humana que sabemos a ciencia cierta genera un impacto ambiental de estas proporciones debe ser cuestionado en profundidad. Quizás haya casos en los que dicho valor sea de una enjundia tal que merezca la pena conservar una pequeña parte de la obra allí donde menos afecte al discurrir del agua y más pueda visualizarse por las personas, con el tratamiento comunicativo y la señalética correspondiente; pero tratar de mantener la integridad de la obra significa que con esa línea argumentallas primeras carreteras merecerán en su día un tratamiento similar; algo que, seguramente, se nos antoja menos atractivo, pero que responderá al mismo criterio de conservación de una afección al medio natural por su supuesto valor histórico y/o patrimonial.
Cada caso merecerá su correspondiente análisis, pero hemos de tener siempre en consideración que con los azudes y presas estamos poniendo en competencia un discutiblepatrimonio histórico y material con un entorno natural que, dependiendo de su ubicación, tendrá un mayor o menor,pero indiscutible valor ambiental.

Presas de Pamplona y sus afecciones...

Presas y Patrimonio Inmaterial
Quien suscribe es muy conscientede la importancia que tienen los espacios generados por las presas para las vecinas y vecinos ribereños. Cualquier caída de agua genera en el ser humano sensación de placer y el agua embalsada en la parte superior o inferior de las presas se convierte en verano en lugar lúdico ideal, en zona de disfrute. Las presas cercanas a las poblaciones son sinónimo de vacaciones, de juego, de risas; son el lugar en el que aprendimos a nadar, donde nos refrescamos y donde compartimos espacio y tiempo con la familia, con las amigas y vecinas.
Hay presasque, junto con su entorno, han adquirido carácter de lugar identitario. Se han llegado a convertir en la foto por antonomasia de la localidad. El lugar más visitado por los foráneos. Icono del municipio.
Quienes hemos vivido esas sensaciones en torno a las presas somos conscientes de la importancia que tienen en nuestro imaginario.
Sin embargo, mientras disfrutábamos del agua en la poza de la presa o destrozábamos el bañador al hacer resbalar nuestro culo por su puerto, nunca fuimos conscientes de hasta qué punto aquello condicionaba la vida del río y sus habitantes; la vida de los peces, de animales y plantas que precisan de un ecosistema saludable para vivir, no para pasar un buen rato. Mientras aprendíamos a nadar o saltábamos de cabeza al agua jamás pensamos en que las truchas no podían superar aquel obstáculo para buscar los mejores frezaderos. Nunca se nos ocurrió que la presa condicionaba la vida de madrillas, chipas y barbos, que impedía el trasiego de sedimentos de todo tipo o que facilitaba el calentamiento del agua al ralentizar su discurrir. No sabíamos que el río es un ser vivo complejo cuya dinámica natural se ve interrumpida por los obstáculos al libre fluir del agua.
No éramos conscientes, por desconocimiento, del daño que le hacíamos al río. Ahora lo somos. O deberíamos serlo. Y desde esa consciencia, con todos los elementos de juicio, hemos de volver a analizar y revisar nuestra consideración sobre las presas como lugares de la alegría y de la identidad. Son algo más turbio que eso.
Permítaseme la metáfora¿Algún médico a tildado de “estético” un coágulo en una arteria? ¿Alguien desea preservar un coágulo en la femoral por el tiempo que lleva allí, por su carácter histórico?

Rotura de la presa de Santa Engracia...

Coágulos en las venas
“Los ríos son como las venas de nuestro cuerpo, como las ramas del árbol…” Son palabras de Javier Fabo, marcilléssensibilizado con la calidad ambiental de su vecino, el río Aragón. Y es que eso son precisamente los ríos. Su importancia para el medio natural es similar a la de las venas que recorren nuestro cuerpo. Transportan elementos esenciales para la vida y son vida en sí mismos.
Esa misma metáfora nos indica que una presa, un azud, un obstáculo que no permite que el agua, los peces y los sedimentos corran no es sino un coágulo en esa vena de la vida.
Ya hemos apuntado que las presas posibilitaron en su día el desarrollo humano con los usos que se les dio. Lo que no tiene sentido es que las mantengamos, una vez abandonadas, con argumentos históricos, patrimoniales, estéticos o lúdico-identitarios poco razonados y nada contrapesados con las afecciones que generan.
Hoy sabemos también que las escalas para peces, en el caso de que se mantengan convenientemente y de que la propia dinámica del río no las haga inservibles, suponen un petacho caro, provisional y parcial a la migración piscícola. Mejor que nada, desde luego, pero un petacho.
Cuantos más coágulos le quitemos al río mejor circulación tendrá y más sano estará.

La corriente mundial
El movimiento internacional en favor de la demolición de presas está en auge a nivel mundial. Conservacionistas, pescadores, defensoras de la biodiversidad y de la calidad ambiental de los ríos se vienen organizando en todo el mundo para crear un frente común en favor de aumentar la permeabilidad de los cursos fluviales mediante el derribo de las presas en desuso.
La comunidad internacional y la Unión Europea en particular siguen redactando normas y recomendaciones promoviendo recuperar la continuidad longitudinal de los ríos. Es hacia donde se mueve la legislación ambiental como consecuencia de los avances científicos que han permitido hacer ver el resultado de la inacción con las presas y azudes abandonados.
En este sentido, quien califica de “fanáticas” a las personas y organizaciones que expresan su opinión sobre la fragmentación de los ríos en el mismo sentido que la Directiva Marco del Agua europea está tildando de fanática la política europea al respecto.
Movimientos internacionales como #FishMigration(a favor de recuperar la migración piscícola) y #DamRemoval(a favor de la demolición de presas) son corrientes de opinión y presión surgidas precisamente de la toma de conciencia de buena parte de la población mundial ante la necesidad de llevar a la práctica lo que la ciencia y el sentido común han demostrado: un río sin presas es más sano y natural que uno fragmentado.

Los peces, máximos exponentes de nuestros ríos...

Santa Engracia (Thinkingglobal, acting local)
La presa de Santa Engracia se ha convertido en símbolo de este debate en nuestro entorno cercano.Una presa que data, muy probablemente, del siglo XIII y que, con toda seguridad, tuvo un muy importante papel en la Pamplona de entonces y en la de los siglos posteriores.
A cualquiera que haya bajado, mirado y tocado el corazón de la presa después de que el río Arga le abriese una grieta en el invierno de 2018, no le cabe duda de su larga historia. A cualquier pamplonés o pamplonesa le remueve el interior tocar unos clavos con los que quizás un antepasado suyo unió aquellas maderas para construir la presa hace 800 años y posibilitarse una mejor vida. Ese gusanillo mira a la cara de una certeza: la desaparición de ese obstáculo hoy es la mejor aportación a una mejor vida en la ciudad. Mejor vida para las personas, para los peces, para los animales y las plantas; es decir, para toda hija de vecina del Arga.
Es evidente que el Arga a su paso por Pamplona no tiene hoy el mismo valor ambiental que en su cabecera, en los montes Alduides. Lo hemos canalizado y hemos ocupado su territorio; pero dejar que recupere, en la medida de lo posible, su forma natural en el ámbito urbano tiene un valor ambiental muy especial.
Como pescador y amante de los ríos en general, quien suscribe no puede por menos que echarse las manos a la cabeza al leer a algunos pescadores con responsabilidad en estructuras representativas hablar de las “bondades” de una presa para la práctica de la pesca ¿Cómo es posible que un pescador piense en la adecuación del entorno natural a su comodidad en lugar de amoldarse él a las condiciones ambientales? ¿Qué tipo de pescador piensa que un coágulo en el río es una zona de refugio para los peces en lugar de un obstáculo para su migración natural?
Desde que expiró su concesión para uso industrial y hasta que el propio Arga se volvió a hacer paso abriéndole una grieta, las aguas embalsadas por la presa de Santa Engracia han tenido uso lúdico y deportivo por parte del Club Náutico de Navarra. Sus integrantes han practicado su deporte favorito en ese tramo del río hasta 2018. Ahora no pueden porque las aguas corren libres y de forma natural por Santa Engracia. Nos corresponde a todas las contribuyentes pamplonesas, mediante nuestras legítimas representantes municipales, determinarsi debemos ayudar al Club Náutico de Navarra a buscar una alternativa para seguir practicando el remo. Una solución que jamás puede pasar por reconstruir la herida al río, que se ha liberado a sí mismo tras 800 años de servicios a sus vecinas y vecinos.

 
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Gaizka Aranguren
Especialista en gestión del Patrimonio Inmaterial y comunicación ambiental. Pescador y periodista.

2019/09/19

Por qué están aumentando los daños por las inundaciones

Hoy os dejamos con un interesantísimo artículo de Julia Martínez (Directora técnica de la Fundación Nueva Cultura del Agua), publicado en:
 http://agendapublica.elpais.com/por-que-estan-aumentando-los-danos-por-las-inundaciones/

Cada vez que se producen inundaciones, surgen voces que culpan a la falta de limpieza de los ríos y reclaman más infraestructuras. Sin embargo, el problema no es que los ríos estén sucios, ni que falten diques más altos. Ante una misma precipitación, el riesgo no es el mismo si hay mucha población y edificaciones en zonas inundables o si tales zonas se mantienen libres. El clima mediterráneo presenta grandes sequías y lluvias torrenciales (aunque con el cambio climático se espera que aumenten), pero por ahora el incremento en la torrencialidad de las lluvias es poco significativo, pese a lo cual los daños por inundaciones se están disparando. ¿Por qué ocurre esto? Señalemos seis causas principales.

1.- La ocupación de zonas inundables por viviendas e infraestructuras, que incrementa la exposición de la población y los bienes y, por tanto, el riesgo de inundaciones. Existe un incumplimiento generalizado de la abundante normativa por parte de las administraciones competentes en ordenación territorial y urbanismo: comunidades autónomas y ayuntamientos.
 
2.- Espacios agrarios cada vez más intensivos y sin prácticas de conservación: la agricultura industrial y la expansión de regadíos intensivos están incrementando la escorrentía y el arrastre de sedimentos, al perderse la protección de la cubierta vegetal por roturación y transfomación en regadío, por intensificación de los espacios agrarios y por ausencia de prácticas de conservación. Se incrementan los daños aguas abajo porque llega más agua, en menos tiempo y con más sedimentos.

3.- La imparable impermeabilización del suelo por expansión urbanística y proliferación de infraestructuras, lo que a igualdad de precipitaciones incrementa drásticamente la escorrentía y, por tanto, los daños.

4.- Nuevas infraestructuras que desorganizan el drenaje natural (autovías, carreteras, rotondas, taludes), que cortan la red de drenaje y crean barreras, reconduciendo los flujos de agua hacia zonas hasta entonces libres de inundaciones.

5.- Obras de defensa frente a inundaciones que agravan los daños: dragados, motas, diques, cortes de meandros y encauzamientos crean una falsa seguridad que favorece una mayor ocupación de las zonas inundables, aumentando la exposición al riesgo. Además, estas infraestructuras aumentan la velocidad del agua y su capacidad de destrucción aguas abajo. Por ejemplo, la rotura de motas, como las ocurridas en el Segura durante estas inundaciones, constituye el mayor peligro real para las vidas humanas durante estos episodios. Finalmente, los dragados son ineficaces porque en poco tiempo (meses) los sedimentos vuelven a su lugar.

6.- Los ríos se han quedado sin su espacio: construcciones urbanas e infraestructuras han estrechado hasta límites inverosímiles el espacio asignado al río, olvidando que éste no tiene un solo cauce, sino varios para distintos caudales, incluyendo las crecidas; y que todos ellos son parte del río.

¿Qué podemos hacer para reducir los daños por inundaciones? Aquí van seis propuestas.

1.- Respetar las zonas inundables: comunidades autónomas y ayuntamientos deben cumplir de forma estricta la normativa que prohíbe construir en zonas inundables. Igualmente, los Planes de Gestión del Riesgo de Inundaciones de las cuencas deben establecer la obligatoria adaptación de los planes urbanos municipales a la Cartografía de Zonas inundables.

2.- Devolver espacio al río: gestionar el territorio fluvial aguas arriba de zonas urbanas: se trata de des-encauzar y eliminar motas aguas arriba de estas zonas, devolviendo a los ríos parte de sus espacios de desbordamiento. El territorio fluvial, constituido por el propio río y los espacios inundables adyacentes, actúa como zona de expansión de las crecidas, protegiendo las áreas urbanas aguas abajo. No puede haber mejor seguro para una población ribereña que sustituir un fenómeno adverso, la avenida, por otro menos dañino, el desbordamiento, en áreas adecuadas.

3.- Implantar Medidas Naturales de Retención de Agua en los espacios agrarios: éstas son actuaciones inspiradas en la naturaleza que aumentan la retención de agua y suelo y reducen el riesgo de inundaciones. Incluyen recuperar la vegetación natural en espacios agrarios, con setos, vegetación en linderos y pequeñas manchas de vegetación natural entre parcelas. También hay que recuperar la red de drenaje natural, eliminada o gravemente alterada por una agricultura intensiva que explota la máxima superficie posible.

4.- Implantar Sistemas de Drenaje Urbano Sostenible, que abarcan un amplio abanico de medidas para reducir y laminar los caudales de entrada en la red de saneamiento y minimizar los daños por inundación en zonas urbanas. Estas medidas reducen la impermeabilización del suelo urbano, incrementando las superficies vegetadas a través de zanjas filtrantes, pavimentos permeables, humedales artificiales y jardines de lluvia, entre otras actuaciones.

5.- Eliminar viviendas e infraestructuras en zonas de alto riesgo: urge realizar un censo de viviendas y equipamientos en zonas de riesgo elevado o de gran vulnerabilidad social (colegios, centros sanitarios, residencias de mayores, grupos poblacionales desfavorecidos). Estas situaciones deben estudiarse individualmente y, en muchos casos, la medida a aplicar será el traslado, contando con las ayudas necesarias.

6.- Impulsar una estrategia de comunicación social sobre la necesidad de una gestión adaptativa frente a las inundaciones: necesitamos educar en la incertidumbre y en la cultura del riesgo, contando con los habitantes ribereños y desarrollando programas de educación, comunicación social y de capacitación, que modifiquen la percepción pública sobre ríos, inundaciones y territorio, en la certeza de que sólo una sociedad bien informada apoyará una gestión adecuada de los territorios fluviales.

El sentimiento de solidaridad que despiertan los daños de las poblaciones afectadas debe ser encauzado con tino. Las reparaciones deben priorizarse con criterios sociales, atendiendo a las necesidades básicas de los más vulnerables. Pero también deben realizarse con una perspectiva que minimice los riesgos y reduzca la probabilidad de nuevos daños. Así, no se deberían otorgar ayudas a la reconstrucción de viviendas en zonas inundables, sino procurar su reubicación en zonas seguras, como se realizó por ejemplo con la población de Gavarda tras la rotura de la presa de Tous en 1982. El momento de la reconstrucción es también el de la oportunidad de hacer mejor las cosas, corrigiendo errores del pasado.

2019/08/22

Las 4 fantásticas


Hace rato que lo sabemos, somos más cansos que las moscas. Pero hacía tiempo que no insistíamos en una realidad: las plantas buscan un rincón bajo el sol. Cuando todo está despejado, vivir a ras de tierra es suficiente. Sin embargo, siempre hay una planta que crece un poco más que las demás, y con una mínima altura puedes tapar a las que no lo hacen tanto. No obstante, enseguida vienen otras de tallos leñosos que reclaman su espacio con la intención de quedarse. Primero son pequeños matos y arbustos, pero por detrás llegan arbustos de mayor porte hasta que se instalan los árboles. Este es el proceso por el cual, en nuestra región, se transforma un terreno abierto en un prado y este, se “cierra” con arbustos y matorrales hasta convertirse en un bosque. Esta carrera, que a veces tarda siglos en culminarse, se llama “serie de vegetación”.

Vista de ligarza a mediados del verano, cuando los frutos no están maduros todavía. De cada uno de esos penachos que sobresalen surgirá una “vela” algodonosa que les permitirá volar al viento que los dispersará por el mundo.

En esta evolución, las pequeñas plantas están condenadas a vivir a la sombra o a desaparecer de la zona; pero, … ¿Y si alguien hace “trampas”?
Este concepto de trampas es muy relativo. En la naturaleza hay unos principios, escuetos e infranqueables: no se puede operar al margen de los principios de la física, como las leyes de la termodinámica y alguno que otro más. El resto es asumible.
La situación es la siguiente: somos “pequeños” y necesitamos luz…vamos a subir hasta la misma.
¿Cómo lo conseguimos? Hay 4 plantas fantásticas que tienen sendos super poderes.

1 estrategia: Esperar a que llegue la villavesa (el autobús) Clematis vitalva.

El superpoder de la clemátide, aihenzuri, es la super paciencia (no estamos seguros si las empresas de cómic definirían a un personaje así) y le va muy bien. Los árboles y arbustos no surgen de la noche a la mañana. Es un proceso lento, se van desarrollándose a su velocidad, pero he aquí una con cualidades entre arribista y polizona. Su objetivo es encontrar una planta que ascienda y subiéndose a sus ramas, entrelazarse entre ellas y acompañarla en su crecimiento. Esta planta puede tener un periodo de vida largo, ya que se la encuentra en árboles viejos.
Vista invernal de la Clematis vitalba  ahienzuri o ligarza, cuando su “percha” ha perdido todas sus hojas. Subida a lo alto de las ramas destaca entre las ramas de un fresno. Desde arriba, lo más alto de las ramas, una planta puede disfrutar de todo el sol, casi sin preocuparse de la batalla por la luz que acontece a sus pies.

Desde el suelo, se identifica por sus tallos curvos que cuelgan desde las alturas. A veces son tan gruesos que parecen árboles pequeños. Algunos de ellos no tendrían problemas para soportar un “Tarzán”, y es que no sólo hay lianas en la selva. Las hojas son compuestas, es decir, cada hoja individual parece formada por otras más pequeñas.
Frutos maduros a finales del verano. En muchos lugares se alude a esas “barbas” para llamar popularmente a esta planta. Esas “barbas” ayudarán a que el viento transporte las semillas muy lejos de su origen.


Podemos verlas en setos, no desdeña nada, y sus flores blanquecinas se muestran a finales de la primavera, para mostrar sus frutos que maduran a partir de finales del verano. Tienen forma de “mora” roja y cada fruto termina en un cabo que al final, se deshilacha en una estructura algodonosa que le facilita ser transportada por el viento.

Detalle de las hojas a finales del verano. Son capaces de ocultar totalmente la planta que las soporta y dar la impresión de que ellas son las que forman el seto.

Es una planta tóxica, que puede irritar la piel por contacto prolongado.
Tiene muchísimos nombres en castellano, en Navarra también, ligarza, girigarza, son algunos de ellos. Tradicionalmente se han usado sus tallos huecos para “fumarlos” a modo de cigarrillos cuando el acceso al tabaco era complicado. Algunas variedades cultivadas se usan en jardinería.
Principios del otoño en la base del bosque de ribera. Dentro de la maraña de tallos desnudos, destacan algunos por su curvatura y su corteza “deshilachada”. Son los tallos de estas curiosas plantas. En su interior, presentan una médula esponjosa. No muestran hojas, ya que estas están muy lejos, en busca de la luz.


2 estrategia: subirse por todas las paredes. Hedera helix.

Para reírse del poder arácnido. Nuestra amiga, la hiedra, huntza, tiende a ser tapizante, y desde el suelo de los robledales, que llega a cubrir ampliamente, parte para subirse por todo lo que le echen.

La hiedra, huntza, Hedera helix, asciendo por el tallo de sus soportes hasta alcanzar las ramas más altas. Suele cubrir todo el redor de sus tutores aportando esta espectacular vista en tiempo invernal.

De sus tallos leñosos surgen raicillas que se sujetan a casi cualquier superficie, como rocas, paredes, taludes y en nuestro caso, corteza de los árboles. En ocasiones, se dice que esas mismas raíces la pueden convertir en parásita, por chuparle la sabia sus plantas tutoras, por eso no se aconseja cortar sus tallos desde abajo. Es llamativo que forma dos tipos de hojas distintos, mientras crece en su ascensión, y luego al separarse de su soporte.
Hedera helix presenta “heterofilia foliar”, ya que simultáneamente sobre la misma planta puede haber dos tipos de hojas diferentes, según los tallos estén junto al soporte o separados de él. Las que están pegadas al soporte suele ser muy angulosas y forman lóbulos muy desiguales; como es el caso.

Las primeras son recortadas y de contornos afilados, las segundas tienden a ser redondeadas. Florece a mediados del otoño y proporciona néctar a muchos insectos en una época de escasa floración. Es una planta tóxica para las personas.

Las ramas separadas del soporte, presentan hojas más redondeadas, con lóbulos semejantes o incluso inexistentes. También son las ramas sobre las que se desarrollan las hojas y los frutos.

Su madera porosa y blanda, apenas se hincha con la humedad, por lo que se ha usado para realizar piezas de precisión. También tiene variantes de jardinería, algunas de las cuales se usan en jardines verticales y recuperada en construcciones bioclimáticas como aislamiento térmico.

3 estrategia: abrazarse mucho mucho mucho, pero menos.  Tamus communis.

La nueza negra, apomahatsa, es, un poco “emocionalmente insegura de si misma” o un poco “liante” algo así como el adolescente del grupo. Necesita rodear y envolver a otros para su carrera ascendente. Crecen hasta media altura, contoneando la punta del tallo sobre los objetos y vegetación circundante, muy al estilo de las malas malísimas del cine negro de los años 30-40.

Vista de primavera de la nueza negra, apo-mahatsa, Tamus communis. Su pequeña flor verdosa en una espiga laxa y unas hojas brillantes acorazonadas son típicas de esta planta. Se enreda a la vegetación circundante. La carencia de espinas es otra de sus características.

En su “personalidad”, también se encuentran los gustos estéticos, ya que decora el bosque en otoño con sus frutos, unas llamativas bolitas rojas, que cuelgan de la vegetación sobre sus tallos secos y quebrados. No os dejéis engañar por sus apariencias, es una planta muy tóxica para las personas. Sus flores son primaverales, pequeñas de un color entre verdoso-morado no demasiado llamativo. Sus hojas son de un verde brillante y forma acorazonada.

Tamus communis en vista invernal. La parte aérea de la planta se seca, se fragmenta y deja caer las hojas. Los frutos rojos cuelgan de los restos que permanecen. De mientras, en el suelo, un tallo subterráneo espera a que la climatología sea más propicia.

A pesar de que parece que muere en invierno, posee unos tubérculos de los que se renovará en la próxima primavera. En su familia muchas son muy tóxicas, a pesar de ello, una de sus primas tiene unos grandes tubérculos de los cuales se extrae la mandioca.

4 estrategia: dar el brazo a torcer o dame la mano que te tomo el brazo. Bryonia dioica

La nueza, astamahats ale-gorria, es otra planta trepadora que vive con nosotros. Su “modus operandi” es ingenioso: transforma parte de sus hojas en unas estructuras con forma de hilos que se envuelven en las ramas, hojas, tallos, … en todo aquello que le esté a su alcance para elevarse por encima de su nivel llegando a crecer hasta una media altura.


Vista primaveral de la nueza, Astamahats ale-gorria, Bryonia dioica, es una planta que trepa sobre lo que la rodea mediante sus hojas modificadas. Se tuercen en espiral para asirse mejor a su entorno.

Sus frutos son también rojizos, con las hojas recortadas y de lóbulos puntiagudos. Sus flores son muy discretas de un verde suave.

Detalle de la flor de la nueza.

Como la anterior, también pasa el invierno en forma de tubérculo enterrado en la tierra. Así mismo, es una planta muy tóxica, aunque tiene “primas” muy conocidas en nuestra cocina: calabaza, melón, pepino, calabacín, sandía, …
Amparándose en arbustos de menor talla y más expuestos al borde, Bryonia dioica presenta su “maraña” de hojas. A finales del verano luce sus frutos.


Una vez presentadas, la pregunta es inminente, ¿Dónde podemos encontrarlas? En general, son especies amantes de la luz y de los suelos húmedos. Por ello son frecuentes en los bosques y zonas de matorral alto. ¿Os acordáis cuando hablábamos en la entrega sobre el bosque galería?, pues bien, estas son algunas de las responsables de su aspecto “impenetrable”, y es que, a pesar de sus potenciales, si ellas mismas os hablaran os contarían aquellas famosas palabras que dijo un gran científico “solo somos plantas humildes que nos subimos a hombros de gigantes”.

Detalle de la hoja de Bryonia dioica.





Naturalmente que hay algunas otras más: zarza, madreselva, rosal trepador, correhuela, lúpulo, ... pero es que el titular nos parecía tan mono...