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2020/07/07

Agua y cambio climático III. Los caudales ecológicos


Un río es, ante todo, una corriente natural de agua. El buen funcionamiento del sistema fluvial requiere que el río mantenga unos caudales suficientes y con ciertas pautas de variación estacional que se aproximen al régimen natural.Además, el régimen de caudales es  la principal variable que da forma a las zonas de cauce y ribera. Por tanto, los caudales ecológicos son una pieza clave en la normativa de aguas para la protección de los ecosistemas hídricos,y los planes hidrológicos deben definir, para cada mes del año, los caudales mínimos, máximos y la tasa o velocidad de cambio de las diferentes masas de agua. 


Dado su carácter legal de restricción frente a otros usos, los caudales ecológicos son un frente de batalla continuadoentre los usos económicos y la necesidad de mantener en buen estado los ecosistemas hídricos.La disminución de los caudales circulantes y el aumento de fenómenos extremos de sequía e inundaciones provocados por el cambio climático,que ya se están observando, continúan acentuando esta presión sobre los caudales.
El papel lo soporta todo, y los Planes Hidrológicosofrecen un penoso espectáculo de mermas y trucos para presentar unos caudales ecológicos descafeinados que estorben lo menos posible al auténtico objetivo de los planes: satisfacer ilimitadamente las demandas de los agua-tenientes y continuar con el negocio de las obrasdel agua.


Los caudales ecológicos en Red Natura 2000
En Navarra son varios los ríos que forman parte de la Red Natura 2000, y cuentan con un Plan de Gestión como Zonas de Especial Conservación (ZEC), hecho por el cual nos felicitamos.Sin embargo, dichos planes, hasta el momento, no incluyen el régimen de caudales ecológicos particulares necesarios para la conservación de los valores naturales de estos ríos.
Pues bien, la Sala de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura, en su Sentencia 00258/2018, ha anulado varios Planes de Gestión de ZEC de la Junta de Extremadura, entre otras razones, porque falta “… la definición de los caudales mínimos y máximos, regímenes estacionales y caudal generador necesario para que las especies acuáticas y hábitats ligados al agua alcance su objetivo de conservación…”
La Junta de Extremadura, lejos de recurrir, se ha puesto manos a la obra en la inclusión de los caudales en los planes de los ZEC, evitando así la ejecución de la sentencia. Otras comunidades también están actuando en este sentido. Esperemos que Gobierno de Navarra corrija su rumbo y siga el ejemplo de estas comunidades, sin necesidad de ocupar nuestros abarrotados juzgados con otro litigio innecesario.
En el caso del ZEC del río Ega, por poner un ejemplo, el plan de gestión aprobado no define los caudales ecológicos, a pesar de ser una necesidad patente y continuamente reclamada. A las alegaciones presentadas en 2016 al plan en este sentido, el Gobierno de Navarra contestó que los caudales ecológicos son competencia de las Confederaciones Hidrográficas. A la vista de la sentencia mencionada arribaeste argumento no es válido, por lo que insistimos en la necesidad de que los caudales ecológicos sean definidos e incluidos en los planes de gestión fluviales. En el caso del Ega, existe un estudio realizado por una reconocida consultoría ambiental y presentado por la asociación Salvemos el Ega, que sirve perfectamente para establecer estos caudales.


Los embalses impiden el mantenimiento de un régimen de caudales apropiado
Uno de los argumentos esgrimidos habitualmente a favor de la construcción de embalses es el mantenimiento del caudal ecológico. La historia se repite una y otra vez:cuando el embalse se proyecta, inmediatamente el agua se reparte mediante reservas y concesiones,prometiendo más agua de la que en realidad hay disponible, para acumular el mayor apoyo posible a su construcción. Luego, el caudal ecológico se maquilla y se reduce para intentar cuadrar el círculo.La gestión de desembalses con el embalse en funcionamiento no contempla las variables ambientales, sino la máxima explotación del recurso agua. Veamos un par de ejemplos
En la Declaración de Impacto Ambiental del embalse de Itoiz, de 1990, se decía que “en el río Irati se respetará, como mínimo, el caudal Q330, debiéndose desembalsar cantidades mayores de agua en época de avenidas para simular las condiciones naturales del río. En un documento redactado con este fin se establecerán los períodos y caudales adecuados para ello”. Ni que decir tiene que dicho documento no se ha redactado, y que el río Irati sólo cuenta con un mezquino “régimen de caudales ecológicos mínimos”definidos en el Plan Hidrológico, que en absoluto simula las condiciones naturales y que ni siquiera llega a los 72 hm3/año que planteaba el muy defectuoso Estudio de Impacto Ambiental.Los caudales máximos, caudales de formación y tasas de cambio brillan por su ausencia en el Plan Hidrológico. 



Así, el caudal de verano del río Irati, que transporta agua para riegos aguas abajo, es muy superior al caudal de invierno. Esta gestión de desembalses es muy habitual en los ríos regulados para riego. Además de esto,  la operación de la central hidroeléctrica (a beneficio de CANASA) provoca bruscas variaciones diarias. Un día cualquiera de este mes de diciembre, de noche, cuando no se turbina ya que no hay demanda eléctrica, el caudal desembalsado es de unos 10 m3/s. Al llegar el día, la demanda eléctrica aparece, y se empieza a turbinar, pasando a triplicar el caudal del río en menos de una hora,hasta alcanzar un caudal cercano a los30 m3/s y vuelta a repetir el ciclo cada día.Así, no es de extrañar que aguas abajo de la presa se haya constatado una desaparicióncompleta de especies protegidas de peces (como la lamprehuela, en peligro de extinción) y náyades, anteriormente abundantes en el tramo.
En Yesa (como ya comentamos en un artículo anterior sobre embalses) nos decían que el recrecimiento iba a servir para aumentar el caudal ambiental del río Aragón a 314 hm3/año. Pero la realidad es que el caudal ecológico aprobado en el plan hidrológico 2015-2021 es de sólo 138 hm3/año. Y gracias.

URBIZI (red en defensa de los ríos)

2020/02/21

Aguas y cambio climático II. ¿Mas embalses?

En un artículo anterior señalábamos que el cambio climático ya es una realidad en nuestros ríos. Los estudios en profundidad realizados en el río Segre señalan que en medio siglo los caudales de cabecera se han reducido un 16% y se esperan reducciones mayores en los próximos años.
Muchas voces defienden que para hacer frente al cambio climático hay que hacer más embalses. El argumento es convincente para buena parte de la población. Históricamente los embalses han servido para almacenar agua para abastecimiento y riego durante las estaciones secas y también para regular avenidas (justo es decirlo en estos días de inundaciones).  Por eso, los embalses siempre se han declarado de interés general y la mayor parte de los costes se asumen con fondos públicos. La realidad ha cambiado y desde hace unas décadas los intereses privados priman sobre los generales, en una tendencia que no ha dejado de crecer.
Hemos batido todos los records (1.200 grandes presas con 56.000 hm3). Hacer nuevos embalses, lejos de ser una solución, es una parte del problema. Suponen un grave deterioro para los ríos, pero además ya no quedan lugares apropiados para construirlos, no hay agua suficiente para llenarlos, la mayoría de las concesiones son para grandes comunidades de regantes y se han abierto las puertas para hacer negocio con el agua.  
 

Ya no quedan lugares apropiados y seguros para los grandes embalses.
Con la fiebre de poner puertas a los ríos, los mejores lugares para hacer embalses ya fueron ocupados. Ahora casi todos los que se están construyendo tienen problemas de seguridad, de filtraciones o de salinidad, con incrementos considerables en los costes. 
Un ejemplo cercano lo tenemos en el recrecimiento de Yesa, con una presa que se apoya en laderas inestables y con importantes problemas de seguridad. En un primer momento negaron rotundamente que hubiera problemas y, cuando no han tenido más remedio de reconocerlo, han convertido la seguridad en un negocio que se está tragando millones y multiplicando los costes que pagamos entre todos. Esta es la lógica del capitalismo verde: seguir lucrándose restaurando las heridas causadas a la naturaleza.

No siempre hay agua para llenar los embalses.
Continuamos con el embalse de Yesa recrecido. En 14 de los 26 años que disponemos de datos, las aportaciones de los ríos Eska y Aragón son inferiores a las demandas previstas. Los volúmenes asignados suman un total de 1.149 hm3/año: 917 hm3 para riego (Navarra y mayoría en Aragón), 94 hm3 para abastecimiento (Zaragoza) y 138 hm3 para caudal ambiental. Lógicamente la CHE es consciente de la escasez y en el Plan Hidrológico del Ebro 2015-2021 rebajó los caudales ambientales de 314 hm3 a 138 hm3, pero aun así no alcanza. (Por supuesto que ni se les pasó por la cabeza rebajar las previsiones de riego).
Pero algunos dirán que donde de verdad se justifican los nuevos embalses es en los ríos sin regulación.  Analicemos este asunto que nos sirve para hacer la siguiente afirmación

El agua regulada va ligada a concesiones, en su mayoría en manos privadas
Cojamos como ejemplo el rio Zaraitzu/Salazar, que milagrosamente se ha salvado de que le hicieran una gran presa. Tiene una aportación anual media de unos 290 hm3 y existe un anteproyecto de regulación (en la actualidad en fase de estudio de viabilidad) que propone trasvasar, desde Aspurz y por un túnel debajo de la sierra de Leire, 170 hm3/año al embalse recrecido de Yesa.
Los ribereños de esos valles no lo van a permitir, pero si se llegara a hacer dicha regulación ¿dispondríamos de más agua para adaptarnos a un futuro con menos caudales? Para el conjunto de la población el problema se agrava ya que nos dejaría con un río esquilmado y las aguas reguladas estarían comprometidas para las concesiones de riego de Yesa. Si miramos la web de la CHE comprobaremos que lo mismo pasa con los proyectos de embalses de Arraitz (río Ultzama), Riomayor (río Ega). Las aguas que se regulen ya están concedidas, en su mayor parte para regadíos de dudoso interés general.
Por eso, frente al cambio climático, la mejor alternativa es mantener en buen estado nuestros ríos y acuíferos que son las reservas comunitarias para el futuro. De acuerdo con la DMA, éste debería ser ahora el interés general, en lugar de más embalses y regadíos.  


Los embalses, una pieza clave en la privatización del agua.
Estamos asistiendo al nacimiento de una nueva clase: los aguatenientes. Estamos hablando de grandes comunidades de regantes, en las que las explotaciones familiares cada vez pintan menos, con enormes concesiones de agua, difíciles de revertir.  Estamos hablando también de las grandes empresas, casi siempre vestidas de verde, que ven en el agua una oportunidad de negocio y que han promovido los cambios que se han dado en la legislación del agua.
La Ley de Aguas de 1985 califica las aguas como bien de dominio público estatal, con amplias facultades de planificación y de modificación de aprovechamientos, que raramente se han utilizado para revisar concesiones. En 1999, después de un periodo de sequía, aprobaron la Ley (46/1999) que flexibiliza, aunque con fuerte control público, el régimen concesional mediante la figura del contrato de cesión de derechos. En posteriores Decretos-Ley de Sequía se permitieron las cesiones intercuencas, y prescindieron de las prioridades de uso. La Ley de Evaluación ambiental de 2013 consolida esos cambios, facilitando la compraventa de agua pública entre usuarios situados en distintas demarcaciones hidrográficas. El comercio de agua ya ha comenzado a través del trasvase Tajo Segura. Las grandes empresas que negocian con el agua y las grandes comunidades de regantes están tomando posiciones. (En Navarra Acciona, AGBAR-SUEZ, La Caixa ya están presentes gracias al peaje en la sombra del Canal). Los nuevos embalses son también una oportunidad de negocio, no sólo con el cemento (y la seguridad), también con el agua.
Hacer frente al cambio climático exige un cambio profundo del sistema concesional vigente para ampliar el control público y someter el uso de la concesión al interés general, que hoy pasa por mantener el buen estado de ríos y acuíferos, por la garantía del abastecimiento y también por mantener unos regadíos que no hipotequen la gestión pública, sostenible y participativa del agua.


URBIZI (red en defensa de los ríos)

2019/12/17

Aguas y cambio climático I. ¿Más regadío?

Ya nadie se atreve a poner en duda que han disminuido las precipitaciones y que han aumentado los fenómenos extremos de sequías e inundaciones, afectando seriamente a los caudales de los ríos.

Inundaciones en la ciudadd e Pamplona
El CEDEX (organismo dependiente de los Ministerios de Fomento y de Transición Ecológica) estima una reducción de la escorrentía en la Cuenca del Ebro del 27% para 2100.


Son más precisos los datos que aporta el proyecto LIFE MEDACC desarrollado por la Oficina Catalana del CanviClimatic. Los estudios que han realizado en el río Segre (un río con un comportamiento parecido al de nuestros ríos pirenaicos) demuestran que el cambio climático ya está aquí. En los últimos 50 años los caudales de cabecera se han reducido en un 16,2% (un 42% en verano). Las causas son en primer lugar las menores precipitaciones, pero también una mayor evotranspiración y menor escorrentía por el abandono de los prados de montaña y una menor gestión forestal.

En el mismo periodo de tiempo, los consumos para regadío del Canal de Urgell han aumentado a casi el doble. Las razones son una mayor intensificación de los cultivos de regadío y la mayor evotranspiración por las altas temperaturas estivales. Ello ha motivamos que, en los tramos medios del río, el descenso de caudal en el último medio siglo sea cercano al 50%.

En cuanto a las previsiones futuras señalan que para el año 2029, el embalse de RIALP, que alimenta al canal SegarraGarrigues (contemporáneo del Canal de Navarra), podría llegar a secarse en plena temporada de riego. Señalan también que las tecnologías para aumentar la eficiencia de riego y establecer cultivos de menor consumo siendo importantes, son insuficientes. Para evitar conflictos futuros, proponen revisar las concesiones de los nuevos regadíos. (Para más información ver el magnífico artículo del director del proyecto MEDACC, Gabriel Borrás “Canviclimatic y canvi global a la conca del Segre”).

Los regadíos en Navarra suponen más del 80% del consumo de agua. Decir cambio climático es decir menos disponibilidad de agua, y lo lógico sería aplicar el principio de precaución antes de promover nuevas superficies de riego. Pero, por el contrario, hay una especie denegacionismo hidraúlico, que no quiere reconocer la disminución de caudales y sigue apostando por unas políticas de regadío suicidas con demandas insostenibles. Veamos algunos ejemplos:

Un estudio de la Junta de Castilla y León propone, como “acciones y medidas contra el cambio climático”, construir nuevos embalses en la cuenca del Duero (2.000 nuevos Hm3) y un “desarrollo competitivo del regadío” con miles de nuevas has.

El Gobierno de Murcia, pocas semanas después de que informes oficiales señalan a los regadíos industriales como los culpables de la muerte del Mar Menor, ha presentado una ponencia en la COP25 de Madrid afirmando que el trasvase Tajo Segura y la agricultura murciana frenan el cambio climático por su contribución a la retención de carbono, ignorando los consumos energéticos de la maquinaria y de los fertilizantes. 

El Gobierno central propone un trasvase del exprimido Tajo a las Tablas de Daimiel, en lugar de actuar contra los regadíos y los pozos ilegales que las han desecado. El Plan Hidrológico del Ebro todavía contempla 400.000 nuevas has de regadío, parte de ellas en Navarra. 

Al menos en Navarra la Hoja de Ruta del Cambio Climático (HCCN-KLINA) dice que se tendrá en cuenta el cambio climático a la hora de definir la superficie de regadío de la segunda fase del Canal de Navarra. Habrá que verlo, porque sigue habiendo muchas voces que reclaman las 21.500 has de la segunda fase y que quieren resucitar viejos proyectos de embalses y regadíos.

La primera pregunta que hay que hacerse es si va a haber suficiente agua. Veamos algunos datos del río Irati, del embalse de Itoiz y del Canal De Navarra. Los volúmenes asignados del embalse son 340 hm3 para el riego de 53.125 ha (incluida segunda fase), 60 hm3 para abastecimiento y 60 hm3 para caudal ambiental, un total de 460 hm3/año. El problema radica en que muchos años las aportaciones que llegan a Itoiz son inferiores a las demandas previstas. No nos inventamos nada, según los datos de la Confederación, en los 10 años entre 1990 y 2000, sólo en tres ocasiones las aportaciones superaron a las futuras demandas. Con las previsiones de mayores reducciones de caudales, poner en riego 24.000 ha en la segunda fase es una bomba de relojería.

Río corriendo

La segunda pregunta es si se justifican social, ambiental y económicamente los nuevos regadíos. Veamos otro ejemplo, esta vez en el río Ega. En el programa electoral de una fuerza política aparece de nuevo el embalse de Rio Mayor. Este embalse situado a la altura de Allo se llenaría con aguas de invierno del Ega y se destinaría a poner en riego (mediante elevación) 7.000 has del piedemonte sur de Montejurra. En su día el proyecto fue rechazado por numerosos agricultores que se negaban a perder un secano relativamente húmedo con cereal, olivar y viña, para sustituirlo por parcelas de regadío con un mínimo de 5 has, que destrozaría un modelo secular de cultivo sostenible de secano, concentraría la propiedad y además pondría en peligro la salud del río.

Mucha gente identifica el regadío con el progreso social y así ha sido cuando la mayoría de la población vivía del campo. Hoy, en las zonas de regadío intensivo, las explotaciones familiares están en franco retroceso y lo que aumenta son las explotaciones con perfil empresario-industrial (incluyendo algunas cooperativas) con empleados y sin agricultores. 

Además, están contaminando de nitratos los acuíferos y los ríos. Como muestra basta ver el Plan del Ciclo Urbano del Agua, recientemente aprobado, que justifica llevar agua de boca del Canal de Navarra y de los acuíferos de Lokiz a la Zona Media y a la Ribera, porque los pozos de los acuíferos aluviales, de los que se abastecen, están contaminados por la actividad agraria intensiva.

La adaptación al cambio climático obliga a abandonar los proyectos de nuevos regadíos, que hasta la fecha se han tragado, no sólo el agua, sino también la mayor parte de los recursos públicos para la agricultura y la ganadería. Las subvenciones públicas y la reforma de la PAC pueden ser excelentes herramientas para cambiar de rumbo y fomentar una agricultura y ganadería más sostenibles y adaptadas al cambio climático: mejorar los actuales regadíos para que consuman y contaminen menos, pero también muy importante, promover las explotaciones familiares, la ganadería extensiva, la agricultura ecológica, los regadíos tradicionales y la agricultura de secano. A ver qué buenas nuevas nos trae el prometido Plan de Regadíos y ¿por qué notambién un Plan del secano y de la ganadería extensiva?

En dos próximos artículos abordaremos los embalses y los caudales ambientales. Intentaremos dar argumentos para demostrar que, en materia de agua, las mejores medidas de adaptación al cambio climáticos son, además de disminuir las demandas, mantener y recuperar el buen estado de nuestros ríos y acuíferos.

URBIZI (Red en defensa de los ríos)

2019/10/06

Coágulos en el río. Presas, historia y patrimonio

El valor histórico y patrimonial, material e inmaterial, se ha convertido en el último recurso dialéctico de las personas que, con toda su buena voluntad, defienden el mantenimiento de presas y azudes en el cauce de los ríos ante la evidencia científica sobre las afecciones que generan a la dinámica fluvial y al conjunto de especies animales y vegetales que forman parte de ese ecosistema.
No pretendemos aquí incidir en los aspectos científicos y técnicos que ya han sido expuestos en sucesivos artículos, cartas de opinión, informes y expedientes administrativos relacionados con diferentes casos, entre ellos el de Santa Engracia.
Difícilmente encontraremos hoy un solo texto científicodefendiendo la pervivencia de barreras artificiales en desuso al libre discurrir del agua y de los ríos. A eso debemos añadir que las técnicas y técnicos especialistas en la materia, también lasde nuestra propia administración foral, han sido taxativas cada vez que se les ha consultado. La última vez, precisamente, informando negativamente sobre la reconstrucción de la presa de Santa Engracia.



Presas, Historia y Patrimonio Material
Los argumentos históricos y patrimoniales en defensa del mantenimiento de las presas en desuso tienden a considerar como valores a preservar, por encima de cualquier otra consideración, la antigüedad de la construcción,el ingenio de nuestros antepasados e incluso la belleza de dichas obras.
No cabe duda de que el agua embalsada por las presas y en parte canalizada posibilitó desde muy antiguo la molienda de grano para la alimentación, el riego, la generación de energía eléctrica y otros usos industriales dependiendo de la época y el lugar. Así, hay quien considera que su conservacióníntegra es el mejorreconocimiento a su valor patrimonial.
Sin embargo, esa postura ignora, consciente o inconscientemente, no solo la afección que cada una de esas presas tiene para el río y sus habitantes, sino que, históricamente, las presas se han ido construyendo una detrás de otra sin que la falta de uso llevase a derruir ninguna de ellas, con lo que los obstáculos se han acumulado multiplicando la afección con el paso del tiempo.
El valor histórico y patrimonial de una obra humana que sabemos a ciencia cierta genera un impacto ambiental de estas proporciones debe ser cuestionado en profundidad. Quizás haya casos en los que dicho valor sea de una enjundia tal que merezca la pena conservar una pequeña parte de la obra allí donde menos afecte al discurrir del agua y más pueda visualizarse por las personas, con el tratamiento comunicativo y la señalética correspondiente; pero tratar de mantener la integridad de la obra significa que con esa línea argumentallas primeras carreteras merecerán en su día un tratamiento similar; algo que, seguramente, se nos antoja menos atractivo, pero que responderá al mismo criterio de conservación de una afección al medio natural por su supuesto valor histórico y/o patrimonial.
Cada caso merecerá su correspondiente análisis, pero hemos de tener siempre en consideración que con los azudes y presas estamos poniendo en competencia un discutiblepatrimonio histórico y material con un entorno natural que, dependiendo de su ubicación, tendrá un mayor o menor,pero indiscutible valor ambiental.

Presas de Pamplona y sus afecciones...

Presas y Patrimonio Inmaterial
Quien suscribe es muy conscientede la importancia que tienen los espacios generados por las presas para las vecinas y vecinos ribereños. Cualquier caída de agua genera en el ser humano sensación de placer y el agua embalsada en la parte superior o inferior de las presas se convierte en verano en lugar lúdico ideal, en zona de disfrute. Las presas cercanas a las poblaciones son sinónimo de vacaciones, de juego, de risas; son el lugar en el que aprendimos a nadar, donde nos refrescamos y donde compartimos espacio y tiempo con la familia, con las amigas y vecinas.
Hay presasque, junto con su entorno, han adquirido carácter de lugar identitario. Se han llegado a convertir en la foto por antonomasia de la localidad. El lugar más visitado por los foráneos. Icono del municipio.
Quienes hemos vivido esas sensaciones en torno a las presas somos conscientes de la importancia que tienen en nuestro imaginario.
Sin embargo, mientras disfrutábamos del agua en la poza de la presa o destrozábamos el bañador al hacer resbalar nuestro culo por su puerto, nunca fuimos conscientes de hasta qué punto aquello condicionaba la vida del río y sus habitantes; la vida de los peces, de animales y plantas que precisan de un ecosistema saludable para vivir, no para pasar un buen rato. Mientras aprendíamos a nadar o saltábamos de cabeza al agua jamás pensamos en que las truchas no podían superar aquel obstáculo para buscar los mejores frezaderos. Nunca se nos ocurrió que la presa condicionaba la vida de madrillas, chipas y barbos, que impedía el trasiego de sedimentos de todo tipo o que facilitaba el calentamiento del agua al ralentizar su discurrir. No sabíamos que el río es un ser vivo complejo cuya dinámica natural se ve interrumpida por los obstáculos al libre fluir del agua.
No éramos conscientes, por desconocimiento, del daño que le hacíamos al río. Ahora lo somos. O deberíamos serlo. Y desde esa consciencia, con todos los elementos de juicio, hemos de volver a analizar y revisar nuestra consideración sobre las presas como lugares de la alegría y de la identidad. Son algo más turbio que eso.
Permítaseme la metáfora¿Algún médico a tildado de “estético” un coágulo en una arteria? ¿Alguien desea preservar un coágulo en la femoral por el tiempo que lleva allí, por su carácter histórico?

Rotura de la presa de Santa Engracia...

Coágulos en las venas
“Los ríos son como las venas de nuestro cuerpo, como las ramas del árbol…” Son palabras de Javier Fabo, marcilléssensibilizado con la calidad ambiental de su vecino, el río Aragón. Y es que eso son precisamente los ríos. Su importancia para el medio natural es similar a la de las venas que recorren nuestro cuerpo. Transportan elementos esenciales para la vida y son vida en sí mismos.
Esa misma metáfora nos indica que una presa, un azud, un obstáculo que no permite que el agua, los peces y los sedimentos corran no es sino un coágulo en esa vena de la vida.
Ya hemos apuntado que las presas posibilitaron en su día el desarrollo humano con los usos que se les dio. Lo que no tiene sentido es que las mantengamos, una vez abandonadas, con argumentos históricos, patrimoniales, estéticos o lúdico-identitarios poco razonados y nada contrapesados con las afecciones que generan.
Hoy sabemos también que las escalas para peces, en el caso de que se mantengan convenientemente y de que la propia dinámica del río no las haga inservibles, suponen un petacho caro, provisional y parcial a la migración piscícola. Mejor que nada, desde luego, pero un petacho.
Cuantos más coágulos le quitemos al río mejor circulación tendrá y más sano estará.

La corriente mundial
El movimiento internacional en favor de la demolición de presas está en auge a nivel mundial. Conservacionistas, pescadores, defensoras de la biodiversidad y de la calidad ambiental de los ríos se vienen organizando en todo el mundo para crear un frente común en favor de aumentar la permeabilidad de los cursos fluviales mediante el derribo de las presas en desuso.
La comunidad internacional y la Unión Europea en particular siguen redactando normas y recomendaciones promoviendo recuperar la continuidad longitudinal de los ríos. Es hacia donde se mueve la legislación ambiental como consecuencia de los avances científicos que han permitido hacer ver el resultado de la inacción con las presas y azudes abandonados.
En este sentido, quien califica de “fanáticas” a las personas y organizaciones que expresan su opinión sobre la fragmentación de los ríos en el mismo sentido que la Directiva Marco del Agua europea está tildando de fanática la política europea al respecto.
Movimientos internacionales como #FishMigration(a favor de recuperar la migración piscícola) y #DamRemoval(a favor de la demolición de presas) son corrientes de opinión y presión surgidas precisamente de la toma de conciencia de buena parte de la población mundial ante la necesidad de llevar a la práctica lo que la ciencia y el sentido común han demostrado: un río sin presas es más sano y natural que uno fragmentado.

Los peces, máximos exponentes de nuestros ríos...

Santa Engracia (Thinkingglobal, acting local)
La presa de Santa Engracia se ha convertido en símbolo de este debate en nuestro entorno cercano.Una presa que data, muy probablemente, del siglo XIII y que, con toda seguridad, tuvo un muy importante papel en la Pamplona de entonces y en la de los siglos posteriores.
A cualquiera que haya bajado, mirado y tocado el corazón de la presa después de que el río Arga le abriese una grieta en el invierno de 2018, no le cabe duda de su larga historia. A cualquier pamplonés o pamplonesa le remueve el interior tocar unos clavos con los que quizás un antepasado suyo unió aquellas maderas para construir la presa hace 800 años y posibilitarse una mejor vida. Ese gusanillo mira a la cara de una certeza: la desaparición de ese obstáculo hoy es la mejor aportación a una mejor vida en la ciudad. Mejor vida para las personas, para los peces, para los animales y las plantas; es decir, para toda hija de vecina del Arga.
Es evidente que el Arga a su paso por Pamplona no tiene hoy el mismo valor ambiental que en su cabecera, en los montes Alduides. Lo hemos canalizado y hemos ocupado su territorio; pero dejar que recupere, en la medida de lo posible, su forma natural en el ámbito urbano tiene un valor ambiental muy especial.
Como pescador y amante de los ríos en general, quien suscribe no puede por menos que echarse las manos a la cabeza al leer a algunos pescadores con responsabilidad en estructuras representativas hablar de las “bondades” de una presa para la práctica de la pesca ¿Cómo es posible que un pescador piense en la adecuación del entorno natural a su comodidad en lugar de amoldarse él a las condiciones ambientales? ¿Qué tipo de pescador piensa que un coágulo en el río es una zona de refugio para los peces en lugar de un obstáculo para su migración natural?
Desde que expiró su concesión para uso industrial y hasta que el propio Arga se volvió a hacer paso abriéndole una grieta, las aguas embalsadas por la presa de Santa Engracia han tenido uso lúdico y deportivo por parte del Club Náutico de Navarra. Sus integrantes han practicado su deporte favorito en ese tramo del río hasta 2018. Ahora no pueden porque las aguas corren libres y de forma natural por Santa Engracia. Nos corresponde a todas las contribuyentes pamplonesas, mediante nuestras legítimas representantes municipales, determinarsi debemos ayudar al Club Náutico de Navarra a buscar una alternativa para seguir practicando el remo. Una solución que jamás puede pasar por reconstruir la herida al río, que se ha liberado a sí mismo tras 800 años de servicios a sus vecinas y vecinos.

 
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Gaizka Aranguren
Especialista en gestión del Patrimonio Inmaterial y comunicación ambiental. Pescador y periodista.